
«La literatura toda es contemporánea para el lector que sabe leer»: la máxima de Nicolás Gómez Dávila
El escritor y filósofo colombiano Nicolás Gómez Dávila reflexionaba sobre la atemporalidad de las obras literarias, planteando que la verdadera lectura trasciende la época en que fueron escritas.
Jorge es-tv
La célebre sentencia del ensayista y aforista Nicolás Gómez Dávila resume una de las verdades más profundas sobre la naturaleza de la literatura: «La literatura toda es contemporánea para el lector que sabe leer». Esta afirmación encierra una perspectiva que desafía la idea convencional de que las obras literarias quedan ancladas en su época de composición, condenadas a ser reliquias del pasado.
Gómez Dávila, pensador colombiano de formación humanística excepcional, defendía mediante sus aforismos y ensayos que la lectura auténtica no es un acto de arqueología cultural, sino un encuentro vivo entre el lector y el texto. Cuando alguien posee verdadera capacidad de lectura —una habilidad que requiere no solo alfabetización, sino madurez intelectual y sensibilidad—, cualquier obra literaria cobra vigencia inmediata, sin importar cuándo fue escrita.
Más allá de la barrera temporal
Esta reflexión cuestiona la tendencia de leer la literatura de forma meramente histórica, como documento de una época. Gómez Dávila sugería que la verdadera lectura penetra en las capas atemporales de toda obra: sus interrogantes sobre la naturaleza humana, sus dilemas morales, su exploración de las emociones fundamentales. Un lector capaz de comprender estos estratos profundos encuentra en la «Odisea» de Homero, en los ensayos de Montaigne o en la poesía de Góngora reflexiones tan vigentes como las de cualquier autor contemporáneo.
La paradoja que Gómez Dávila plantea es liberadora: no existe la literatura antigua, sino únicamente lectores antiguos que no supo acceder a las capas más profundas de los textos. Un lector que verdaderamente sabe leer reconoce que las preguntas que formulaba Cervantes siguen siendo las mismas que nos inquietan hoy, aunque las circunstancias políticas o tecnológicas sean radicalmente distintas.
Así, la máxima de Gómez Dávila invita a reconsiderar nuestra relación con el acervo literario universal. No se trata de una actitud anacrónica que ignore el contexto histórico, sino de una convicción de que la literatura genuina posee una capacidad de comunicación directa con cada lector, independientemente del tiempo que media entre la escritura y la lectura. Ello exige, naturalmente, que el lector esté dispuesto a hacer el esfuerzo de verdadera comprensión.
